¿Por qué cuidamos el medio ambiente programando nuestra lavadora por la mañana?

¿Por qué cuidamos el medio ambiente programando nuestra lavadora por la mañana?

Hace tiempo ya que la web 2.0 ha entrado en nuestra vida virtual, sin que sepamos todos exactamente de qué se trata. No tiene por qué pasar igual con la tarifa eléctrica 2.0DHA, la llamada de “discriminación horaria”, que se democratiza a medida que nos vamos concienciando del desafío energético que nos espera. ¿Pero qué significa realmente ésto? ¿Y a qué necesidades técnicas y físicas pretende responder esta política de precios, más allá de los intereses económicos para el usuario?

 

El hecho de tomar nuestra ducha por la mañana o por la noche en un principio no supone ninguna diferencia a nivel de utilización de recursos: el agua que utilizamos siempre nos está esperando a cualquier hora, lista para liberarse de las tuberías de la red de suministro abasteciendo nuestros hogares en los que permanece normalmente. Pero si nos gustan las duchas calentitas y  disponer de un calentador eléctrico instantáneo, el tema ya se vuelve muy distinto: la energía utilizada por éste se produce y distribuye en tiempo real. Si todos decidiéramos ducharnos cuando salen los anuncios en la tele encendida en previsión de las noticias y el horno calentando la cena, esto provocaría un pico de consumo, afectando directamente a las instalaciones de producción eléctrica que se verían saturadas. Precisamente las altas demandas eléctricas se dan por la tarde y  principios de la noche, con arreglo al ritmo laboral y familiar que se impone a la mayoría de los hogares.

 

Aquí tocamos un punto sensible: el carácter almacenable o no de la electricidad. En la práctica, ya existen tecnologías que permiten hacer frente a la volatilidad del recurso eléctrico (almacenamiento en baterías, bombeo/turbinado...), pero de momento ninguna de ellas sale rentable en el mercado energético, debido al precio de las instalaciones necesarias o al corto periodo de vida de sus piezas. De hecho el almacenaje de un kilovatio/hora en baterías costaba 14 céntimos en 2015, lo que representa de un 100 a un 400% del valor actual del kWh bruto, según el tipo de fuente estudiado. Aunque ese precio va bajando muy rápidamente, debido a innovaciones en el sector impulsadas por el desarrollo del automóvil eléctrico, las perspectivas a corto plazo no consideran el almacenamiento como una solución viable para el suministro doméstico.

 

Por ese motivo, la estrategia actual de los productores tiende a sobredimensionar sus equipamientos para garantizar el abastecimiento eléctrico durante los momentos del día en que la demanda es alta, lo que supone pérdidas importantes durante aquellos momentos en los que es baja. Se hace necesario pues, prever instalaciones de reserva - a menudo centrales térmicas cuya puesta en marcha se opera en caso de estrés de la red - o bien comprar energía a Estados vecinos cuando hace falta (sobre todo a Francia con una industria eléctrica mayoritariamente de origen nuclear).

 

Si la problemática es similar para todas las fuentes (nuclear, combustibles fósiles y renovable), la dificultad de prevenir los desequilibrios del suministro resulta todavía más importante en el caso de la fotovoltaica. Aunque tiene el mérito de ser una de las energías más eficientes y limpias, y con mucho la más barata del mercado, padece de una irremediable debilidad: su intermitencia. Los horarios de trabajo de un panel fotovoltaico son como los de una gallina, no se pueden negociar ni a palos. Por lo tanto, apostar por el sol no deja de obligarnos a dar muestras de creatividad, sobriedad y racionalidad: combinarlo con otros modos, preferiblemente renovables que no sufran de tanta discontinuidad, y reconsiderar nuestro modelo de consumo.

 

De este modo el aplazamiento horario de nuestros usos eléctricos más flexibles a lo largo del día constituye una clave importante de la transición ecológica, y no solo porque favorece un abastecimiento de la red más regular, sino también porque considera al consumidor como parte de un sistema de gestión colectivo y coherente. Las comercializadoras eléctricas, como es el caso de SENEO, definen periodos “punta” (13.00 – 23.00) y periodos “valle” (23.00 – 13,00) con una gran diferenciación tarifaria con el fin de impulsar el cambio de uso de la energía. Pero no hablamos solo de maniobras mercantiles sino mejor de una verdadera necesidad económica, ya que los recursos adicionales dedicados al suministro de energía en periodos punta conllevan costes, ya no ocultos, que se tienen que repercutir de alguna manera en nuestras facturas.

 

Mientras las grandes eléctricas tardan en ponerse al día, ofreciendo una tarifa discriminatoria sólo en concepto de imagen pública e intentando no promoverla demasiado ya que presenta un interés económico limitado para ellas, muchas comercializadoras locales cuidadosas de su impacto medioambiental y económico ya han hecho de la 2.0DHA su principal forma de contratación con sus asociados/as.

 

 

Sarah Lafleuriel