La primera electrolinera de carga rápida de la Vall d

La primera electrolinera de carga rápida de la Vall d

La primera electrolinera de carga rápida de la Vall d'Albaida con SENEO

 

 

            Con toda seguridad no os habéis podido perder la última noticia energética que va a revolucionar nuestros hábitos futuros de movilidad. Me estoy refiriendo a la redacción de la futura ley de cambio climático y transición ecológica por parte del gobierno español. En dicha redacción el Ministerio para la Transición Ecológica propone un doble horizonte para la movilidad eléctrica: la venta de vehículos con motor diesel, de gasolina, híbridos o de gas natural estará totalmente prohibida a partir del 2040, y su circulación en las carreteras españolas, a partir del 2050. Esa decisión supone una adaptación rápida del sector del transporte, pero también, y sobre todo, si queremos que la medida tenga un impacto positivo sobre nuestro medioambiente, una profunda transformación en nuestra manera de producir electricidad. Un doble desafío al cual empiezan a enfrentarse algunos actores locales, uno de ellos proporcionando el, hasta ahora, primer punto de carga rápida de nuestra comarca con energía 100% renovable.

 

 

El “todo-eléctrico”, ¿una buena noticia?

 

            Mientras en Francia se ha iniciado un movimiento popular sin precedentes en contra de la subida del precio del carburante, las estadísticas del Banco Mundial nos recuerdan que el transporte ocasiona el 27% de las emisiones humanas de CO2 (!un 35% en España!), siendo el principal factor de emisión, además del único que no ha bajado desde 1990. El gravamen de los combustibles fósiles va creciendo, pero las inversiones en redes eficientes de transporte público se hacen esperar y los coches eléctricos, hasta la fecha, se han quedado al margen del mercado del automóvil por no estar al alcance de la gran mayoría de los consumidores. El diseño del territorio así como el de las políticas laborales mantiene el vehículo privado como una herramienta imprescindible en muchas familias, a pesar de la política publicitaria que nos quiere hacer volver a tiempos anteriores a la crisis. Tiempos en los que tener coche propio era sinónimo de libertad, utilizando incluso mensajes pseudo-progresistas para convencer a los indecisos. Habría aquí mucho que decir sobre las contradicciones de las políticas públicas, o de su ausencia, según se vea, en términos de movilidad.  Lo cierto es que la reciente declaración del gobierno no deja de ser una apuesta clara por un cambio que, además de ajustarse a los estándares europeos, abarca no solo al consumidor, sino también una parte esencial de nuestra economía nacional.

 

            Así mismo, la adaptación de la industria automovilística nacional a la tecnología eléctrica va a conllevar evoluciones significativas, en un sector en el cual España no es pionera. Algunos analistas temen una pérdida neta de empleos, tanto por tener poca I+D propia como por la relocalización prevista de algunas plantas de producción en el país de origen de sus constructores (como Wolkswagen en Alemania). Habría que contrastar esa hipótesis con la posibilidad de regeneración energética a la que nos obligará ese paso adelante, como comentaremos más abajo. De la misma manera, si el objetivo es alcanzar la misma comodidad de uso que la de los motores a combustión clásicos – aspecto este legítimamente cuestionable – queda bastante por hacer. Los dos principales retos que habría que destacar son: la ampliación de la red de recarga y la preparación de nuestra red eléctrica a ese nuevo uso.

 

 

El coche eléctrico y sus entresijos

 

Las baterías

 

            El mayor desafío de los diseñadores de coches eléctricos consiste sin duda alguna la obtención de un sistema de almacenamiento eléctrico óptimo. Los vehículos particulares actualmente en circulación disponen, en su mayoría, de acumuladores de ion-litio, tecnología que se ha demostrado con mayores prestaciones que otras (ploma ácido, níquel cadmio, Zebra…) desarrolladas en los últimos veinte años para la propulsión del automóvil.  El litio es ligero, presenta una eficiencia óptima a temperatura ambiente y una cierta disponibilidad en varios países como Australia, Chile, Argentina y China. Sin embargo su extracción minera supone riesgos medioambientales y de deforestación así como de dependencia exterior. Por ese motivo, un uso incrementado de ese material supondría una responsabilidad internacional en el desarrollo de una red de reciclaje eficiente, con el fin de alcanzar el menor impacto medioambiental posible y evitar que se desarrolle un nuevo orden mundial energético como el que ahora guía las relaciones entre los Estados de la OPEP y el resto del mundo.

 

            Las baterías actuales tienen una autonomía que va de 350 km a  600 km con carga completa y según los modelos: suficiente para los usos cotidianos pero no para los viajes largos. Aquí es donde entra en juego la necesidad de desarrollar una amplia red de puntos de recarga en todo el territorio. 

 

 

El tiempo de recarga

 

            La recarga de un vehículo eléctrico depende tanto de la capacidad de la batería como de la potencia entregada por la estación de carga. Así pues la combinación de estas dos magnitudes es la que determinará el tiempo de recarga.

 

            Los coches actuales presentan una gran gama de potencias que van desde los pocos kW, 60 kW para el Renault Zoé, hasta los 400 kW en el caso del Modelo S P90D de Tesla. Conectados a un enchufe domestico de 220V de corriente alterna y con el cable adecuado, el tiempo necesario para cargarlos completamente oscilará entre 10h y 40h. Aunque se van comercializando sistemas que permiten potenciar le recarga en casa (y bajar el tiempo de carga a  entre 3 y 7 horas), la generalización de la movilidad eléctrica supondrá que se permita una recarga más veloz para agilizar nuestros trayectos,  sobre todo los más largos. Aquí entran en el escenario los puntos de recarga rápida, denominados “electrolineras”, cuya función es, de manera parecida a nuestras gasolineras de siempre, proporcionar una energía en gran cantidad en un tiempo que no supere los márgenes de los que disponemos a lo largo de un día laboral.  Las electrolineras disponen de enchufes tanto de corriente alterna (AC) como de corriente continua (DC), proporcionando estos últimos una mayor potencia con un menor tiempo de carga. Actualmente se tarda una media de 45 minutos para una carga completa con un enchufe de carga rápida. También podemos cargar un 80% de la capacidad de la batería en 25 minutos, a partir de ese 80 % la carga se ralentiza y puedes tardar otros 20 minutos en cargar el 20 % restante. No hay que olvidar que de cada combinación batería / cable de alimentación / tipo de enchufe saldrán tiempos de carga diferentes. Tienes todos los detalles aquí.

 

 

Los puntos de recarga y nuestra primera electrolinera local

 

            El reto de la creación de una red eficiente de puntos de recarga es doble. Por una parte, tendremos que instalar una gran cantidad de puntos de recarga con enchufes de baja potencia, para poder abastecer en el día a día una flota cada vez mayor de vehículos eléctricos, los cuales, en gran parte, no dispondrán de un enchufe doméstico (vehículos normalmente aparcados en el espacio público o en parkings colectivos). La infraestructura necesaria supone una amplia inversión por parte tanto de los poderes públicos como de las entidades privadas (comunidades de vecinos, empresas...) y de particulares. Por otra parte, las electrolineras irán sustituyendo a las gasolineras con el fin de satisfacer necesidades más puntuales, como es el caso de largos recorridos. Entonces, el equipamiento futuro del territorio dependerá tanto de la voluntad empresarial como de las eventuales medidas que tomarán las autoridades estatal y local para acompañar técnica y financieramente esa transición. 

 

            En el sitio web de Electromaps podrás encontrar los puntos de recarga en España y  en Europa. Es interactivo en el sentido de que cualquiera puede publicar un nuevo punto de recarga. Observamos que, a día de hoy, existen en España unos 3800 puntos de carga de los cuales unos 250 lo son de carga rápida. Uno de estos últimos acaba de ofrecer sus servicios en Ontinyent. Nos referimos a la electrolinera Gasolwin.Balones que, además de ser la primera de la Vall d’Albaida en ofrecer sus servicios en carga rápida lo hace con energía 100 % renovable a través de los servicios de la cooperativa SENEO. Antes de fin de año abrirá otra : Gasolwin-Avda. del Tèxtil.

 

 

La electro-movilidad, un progreso con condiciones: una electricidad local y limpia

 

            El liberarnos de una dependencia lejana, arriesgada y altamente nociva como es la del petroleo y sus productos derivados nos lleva a enfrentamos a otra que también tiene su parte incierta: la dependencia eléctrica. La actualidad reciente lo ha demostrado: de momento, no hay nada menos seguro y versátil que nuestro modelo eléctrico nacional, tanto a nivel económico (la organización del mercado y sus efectos en nuestras facturas) como a nivel ecológico.

 

            Hemos de recordar que la producción eléctrica española tiene entre sus principales fuentes un 28% de combustibles fósiles (carbón, fuel y gas natural) y un 21% de nuclear. ¿Cómo pretendemos avanzar hacia una movilidad más ecológica si la energía eléctrica proporcionada por nuestros puntos de recarga sigue siendo responsable de la emisión de gases de efecto invernadero y de generación de residuos nucleares? De la misma manera, la concentración en pocas manos de los operadores eléctricos históricos que, en demasiadas ocasiones han demostrado sus intereses espurios, pueden llegar a convertirse de nuevo en los titiriteros de los que dependerán al 100% nuestras condiciones de desplazamiento.

 

            Apostar por el todo-eléctrico en la movilidad requiere de una triple acción:

            - definir una estrategia que permita un reparto geográfico y horario de la energía de manera equitativa y eficiente.

            - facilitar las inversiones en infraestructuras de producción de energía renovable.

            - que ese cambio de modelo se  acompañe de una reducción de nuestro consumo: la energía más limpia es la que no se consume. 

 

            En resumen, la transición al “todo-eléctrico” no se tiene que acoger como la solución óptima, sino como una oportunidad, entre muchas otras, tales como la ampliación de las redes de transporte público, la movilidad no motorizada o el uso compartido de vehículos, de hacer evolucionar nuestros desplazamientos en un sentido más sostenible y de acoplar nuestra estructura económica y laboral a la transición ecológica.

 

Sarah Lafleuriel

 

Imagen: Punto de recarga rápida  / Electrolinera Gasolwin-Balones / Ontinyent